Hay trayectorias que se pueden resumir con equipos, temporadas y resultados. Y hay otras que necesitan ser contadas desde la memoria.
Luis Guiance pertenece a estas últimas. Entrenador durante más de seis décadas, profesor de Técnica y Táctica durante 40 años y formador de generaciones de entrenadores, hoy, a sus 85 años, ha querido sentarse frente a sus recuerdos y compartir una historia que, como él mismo reconoce, quizá no vuelva a escribir.

Por eso en Radio ElDeportivo.com hemos querido respetar el fondo de sus palabras. Son recuerdos personales de una vida dedicada al fútbol, contados desde la perspectiva de quien los vivió.

Una historia de campos, vestuarios, jugadores, presidentes, alegrías y también heridas que el paso del tiempo no ha terminado de borrar. Pero, por encima de todo, es el testimonio de un hombre que continúa diciendo algo muy sencillo después de 61 años: «Me gusta el fútbol con locura».
Una vida alrededor de un balón
Tengo 85 años. Empecé a entrenar hace 61 y he tenido más de 50 contratos. He entrenado en la élite del fútbol regional, a grandes equipos y a otros más modestos. En algunos estuve ocho años; en otros seis, cuatro, dos... Han sido muchísimos años de fútbol.
Empecé en el juvenil del CD Arguijón. Allí tuve a Cantudo, que tenía 15 años y era un jugador extraordinario. Era capaz de regatear a cinco jugadores. Con el tiempo su fútbol fue cambiando y lo convirtieron en un hombre más de choque. Siempre lo llevo en mi memoria. Fue jugador, amigo y alumno mío de Técnica. Dios lo tenga en la gloria.
Después de obtener mis primeros títulos de entrenador me fichó el At Salamanca. A mitad de temporada me marché al At Arona porque me pidieron un favor. Allí estuve ocho años y tuve la oportunidad de llevar a muchos juveniles a jugar. Guardo también un gran recuerdo de uno de sus presidentes, don Eduardo Domínguez, una gran persona.
Mi vida continuó de banquillo en banquillo. Estuve seis años, aunque no consecutivos, en el Real Unión. Recuerdo que la primera persona que me sustituyó fue Martín Marrero.
Después llegó el CD San Andrés, donde pasé ocho temporadas, divididas en dos etapas de cuatro años. También entrené a la SD Valleseco, al juvenil del Real Unión, al UD Salud, al Estrella CF, al CD Unión Tejina, al CD Marino, al CD San Lorenzo, al At Restinga, a UD Norte, al CD Santos Reyes, al CD Playa Santiago, al At Paso, al RCD Gara y al UD Icodense, entre otros.

Cada equipo dejó una historia.
Cuando había mucho fútbol y muy poco dinero, el fútbol que yo conocí era muy diferente.
Recuerdo mi etapa en el Salud. Cuando viajábamos a la Península podíamos encontrarnos temperaturas de cero grados y, en algunos lugares, el almuerzo era simplemente un bocadillo y un zumo.
Nunca he denunciado a un equipo porque me debiera dinero. Si no podían pagarme, lo perdonaba. El fútbol de entonces no estaba para pagar grandes cantidades a los entrenadores.
Hubo clubes que llegaban prácticamente desmantelados y había que volver a construir. Me ocurrió con el Gara después de un ascenso, cuando apenas quedaban jugadores. Conseguimos dejar al equipo en mitad de la clasificación antes de que yo me marchara.
También recuerdo especialmente una etapa en el Icodense. El equipo estaba colista cuando llegué. Aposté por los juveniles, formamos un equipo precioso y aquellos jugadores siguieron haciendo grandes temporadas después de mi marcha.
Porque siempre he creído en una cosa: la base es el futuro del fútbol.
Me ha encantado entrenar a los jóvenes. Hasta prácticamente el final de mi trayectoria seguía ayudando con los equipos de base e incluso saliendo con conjuntos cuando sus entrenadores no podían hacerlo.
Profesor durante 40 años, mi vida no estuvo solamente en los banquillos.
Durante 40 años fui profesor de Técnica y Táctica. Di clases en las cuatro islas de la provincia de Santa Cruz de Tenerife y tuve la oportunidad de compartir cursos con muchísima gente del fútbol.
Obtuve el título nacional en 1978. En aquel curso estuvieron nombres importantes del fútbol español como Clemente y Amancio, además de otros profesionales cuyo nombre, después de tantos años, ya no consigo recordar.
También fui durante dos años seleccionador juvenil. Formamos una selección preciosa y guardo especialmente el recuerdo de haber conseguido ganar fuera a la Selección Andaluza y de vencer 3-0 a la murciana.

Son momentos que permanecen.
Como permanece el recuerdo del Tenisca. Hubo épocas en las que viajar a La Palma para enfrentarnos a ellos era una auténtica batalla deportiva. Sin embargo, años después, con motivo del 50 aniversario del club, me invitaron a dar una conferencia como profesor. Eso también es fútbol.
Hay heridas que tampoco se olvidan. No todo fueron buenos momentos.
En el Restinga vivimos una situación complicada para conseguir subir de categoría. Tuvimos que acudir a la Federación y hablar con Juan Padrón, que en paz descanse, y con Ramón para solucionar el problema. Finalmente ascendimos.
Más tarde, estando primeros e igualados a puntos con el Ofra, me iban a cesar. Ganamos al San Andrés y continué. Después fuimos a jugar contra el Realejos, volvimos a ganar... y me cesaron.
Nunca entendí aquello.
Algo parecido me sucedió en el San Lorenzo. El equipo marchaba segundo y el presidente me comunicó que a la gente no le gustaba cómo jugábamos. Me cesaron con 31 puntos. Son decisiones que forman parte del fútbol, aunque algunas cuesten olvidarlas.
Y probablemente uno de los episodios que más me dolió llegó en mi última etapa. Durante un partido de juveniles, al descanso, parte de los jugadores abandonó el vestuario y se marchó al centro del campo. Consideré que aquello era una falta de respeto hacia el entrenador. Hablé con el árbitro, le expliqué la situación y abandoné el campo.
Lo que más me dolió fue que después nadie de la directiva se dirigiera a mí para preguntarme qué había sucedido.
Siempre he pensado que antes de ser directivo hay que ser señor.
A lo largo de tantos años he tenido pocos problemas graves. Prácticamente nunca fui expulsado de un campo. He procurado respetar al fútbol incluso cuando no estaba de acuerdo con lo que sucedía.
El fútbol que sigo viendo a los 85 años
Hoy sigo estudiando fútbol.

Sigo viendo partidos, sigo analizando y sigo enfadándome cuando mi Real Madrid no juega como creo que debería jugar. Es mi equipo y también forma parte de mi historia familiar, porque mi padre jugó allí.
A mis 85 años continúo pensando en sistemas, movimientos y distancias.
Durante mucho tiempo algunos me llamaban el entrenador del bloque, porque insistía constantemente en una idea: subir en bloque y bajar en bloque.
Y sigo pensando que tenía razón.
El fútbol consiste en que el equipo avance junto y retroceda junto, procurando que las distancias entre sus jugadores no sean demasiado grandes y evitando así conceder espacios, al contrario.
Los sistemas cambian. Los entrenadores cambian. El fútbol evoluciona, pero hay principios que permanecen.
«Esta es mi pequeña historia futbolística»
Tengo 85 años y esta es mi pequeña historia futbolística, y quien la lea puede criticarme. Está en su derecho.
Después de tantos años, algunos nombres se me escapan, algunos recuerdos se mezclan y seguramente me dejo muchísimas personas y equipos por el camino. Son más de seis décadas alrededor de un balón.
Sigo estudiando. Sigo viendo fútbol. Sigo pensando en fútbol.

Quizá a mi edad mucha gente piense que ya nadie escucha estas historias. Pero mientras tenga memoria seguiré recordando los campos, los jugadores, los entrenamientos, las victorias, las derrotas y todas las personas que fui encontrando durante el camino.
Porque después de 61 años puedo seguir diciendo lo mismo: me gusta el fútbol con locura.
Gracias a quien haya llegado hasta aquí y haya querido leer mi historia. Y solamente deseo una cosa para todos:
que tengan la salud necesaria para vivir muchos años, mucha suerte y gracias.
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