Cada temporada, muchos futbolistas terminan su etapa juvenil y se encuentran ante una situación complicada: dar el salto a un equipo regional o quedarse sin un lugar donde seguir jugando.
A los 18 o 19 años, no todos están preparados para competir con futbolistas que llevan diez o quince temporadas en categorías regionales. Algunos consiguen hacerse un hueco, pero otros necesitan más tiempo para madurar, ganar experiencia y adaptarse a las exigencias del fútbol sénior.

Y es ahí donde surge una pregunta: ¿qué ocurre con los jóvenes que todavía no encuentran su sitio?
Los entrenadores de equipos regionales tienen la responsabilidad de competir y conseguir resultados. Es comprensible que, en determinadas circunstancias, recurran a jugadores experimentados que conocen bien la categoría. No se trata necesariamente de falta de confianza en la cantera, sino de las exigencias de la competición.
Sin embargo, esa situación puede dejar a algunos jóvenes sin minutos, sin equipo o, finalmente, fuera del fútbol. No porque hayan perdido la ilusión, sino porque no encuentran dónde continuar.
¿Por qué no una categoría de 19 a 21 años?
Quizá merezca la pena estudiar la creación de una competición destinada a futbolistas de entre 19 y 21 años, una etapa intermedia entre el fútbol juvenil y el regional.
No se trataría de impedir que los jugadores preparados den el salto a categorías superiores. Al contrario: quienes tengan esa oportunidad deberían aprovecharla.
La propuesta estaría pensada para aquellos que necesitan dos o tres temporadas más para seguir aprendiendo, competir con jugadores de edades similares y adquirir la madurez necesaria para incorporarse posteriormente a un equipo regional.
Y aunque algunos nunca llegaran a jugar en categorías superiores, habrían conseguido algo igualmente importante: continuar practicando el deporte que les gusta.
Porque el éxito del fútbol base no debería medirse únicamente por los jugadores que llegan arriba, sino también por aquellos que conseguimos mantener vinculados al fútbol.

Una idea que merece estudiarse
Naturalmente, crear una categoría nueva exigiría conocer la opinión de los clubes, estudiar cuántos equipos y jugadores podrían participar y valorar los costes, las instalaciones y los calendarios.
No sería una solución automática ni tendría sentido perjudicar a las competiciones regionales actuales. Pero sí podría abrir un debate sobre una etapa en la que algunos futbolistas encuentran dificultades para continuar.
Los clubes, los entrenadores, los responsables federativos y los propios jóvenes tendrían mucho que aportar.
Quizá una categoría de transición sea una alternativa. Quizá existan otras fórmulas. Lo importante es preguntarnos si estamos haciendo lo suficiente para facilitar el paso del fútbol juvenil al sénior.
Porque terminar juveniles no debería significar necesariamente terminar de jugar.

No todos los jóvenes llegarán a Preferente, Tercera Federación o categorías superiores. Pero muchos podrían seguir disfrutando del fútbol durante años si encontraran una oportunidad para continuar.
Y esa es, en definitiva, la reflexión que queremos trasladar:
«No todos los jóvenes llegarán a lo más alto del fútbol, pero eso no significa que debamos cerrarles la puerta para seguir disfrutándolo».
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